miércoles, 22 de abril de 2009

365 causas de muerte


Esta es la primera propuesta de este lúgubre Blog que fue elucubrado en una noche de insomnio en febrero de 2008:

Buscar 365 causas y maneras de morir.

Suena sencillo, más no lo es. y tan no lo fué que nuevamente intentaremos el reto.

Por qué 365? porque es el número de días que tiene un año y la vida se mide en años. La muerte? esa es eterna.

Causa de muerte no es lo mismo al proceso o manera de morir. Causa de muerte es el fundamento de la cesación de la vida, más no cómo sucede el evento. El evento o manera es el cómo se produce ese fundamento.

De lo que aquí se trata es de relatar, cada día, una muerte y señalar al final del relato la causa de la muerte, de manera que cada vez que aparezca una causa, ésta no podrá aparecer más.

Por ejemplo: María Antonieta fue decapitada. Causa de la muerte: separación de la cabeza del cuerpo.

Si deseas participar envía tu relato (vía email o como comentario) y éste será publicado siguiendo un estricto orden de recepción. Solamente será publicado un relato cada día.

***El reto comienza el 1 de mayo.
Re-publiqué abajo las primeras 4 muertes de 2008. Después encontrarás la 25. y la cuenta regresiva hasta la 5. En el inter, publicamos algunas imágenes que no contaron como cuentos, pero que ilustraron el mood de este Blog.
Comenzaremos la primera semana de mayo (el 4) con en el número 26, y publicaré una por día.

email: geraldinagvh@yahoo.com

Cadáver exquisito

Este juego surrealista tiene como objetivo crear una historia a ciegas.

El nombre se deriva de una frase que surgió cuando fue jugado por primera vez en francés:
« Le cadavre - exquis - boira - le vin - nouveau » (El cadáver exquisito beberá el vino nuevo).


Un jugador presenta una historia y la pasa al jugador que sigue quien escribe una composición en secuencia. Cada persona sólo puede ver el final de lo que escribió el jugador anterior.

Como aquí no podemos ir doblando la hoja, vamos a poner reglas para el juego.

REGLAS:
1.- Yo doy una parte del relato: 1)inicio, 2)nudo o 3)desenlace indicando con un número qué parte del relato es.
2.- Tú eliges una de las dos partes restantes, anotando el número a que pertenece. No puedes contar la historia completa. Solamente una parte de las restantes.
3.- Escribe al menos una oración completa. No más de tres oraciones por favor!

Al final de cada semana o quincena, publicaré los cadáveres completos con los nombres de quienes participaron. Si tengo más de dos participaciones iré pegando las partes conforme vayan llegando en las partes que correspondan, de manera que cada parte estará compuesta por varios participantes.

Si no cumples con las reglas no podré publicar tu colaboración.

Para participar envia tu parte a mi correo electrónico:
geraldinagvh@yahoo.com

Bienvenido!

Primer Cadáver 3)desenlace

Buscamos en todo el pueblo, en el bosque de Huatzingo, en la ciudad más cercana. Nunca más se supo de ella.

** Este cadáver comienza el día 1 de mayo.

2. Muerte

Como todas las mañanas bebió el último sorbo de café con leche que Lucía le había preparado. Se había comido todas las galletas María sopeándolas en el café, para hacerlas aguaditas; así le sabían mejor, como cuando era niño y las remojaba en leche fría. Se limpió la boca, Fernando cogió su portafolios y el portatraje y se asomó a la cocina donde Lucía hacía los ponches y las loncheras para Luciíta y Fernandito, eran las 7.10am y los niños entraban a clases a las 8.15. Fernando besó a Lucía en la mejilla, "Nos vemos mañana Gordis, cuídate por favor" "si Cielito, tú también, te llamo en la noche desde el hotel ya en Zaragoza".
Fernando salió de la casa, abrió la portezuela de atrás del Pointer negro y colocó bien extendido y con mucho cuidado su portatrajes, el portafolios lo asentó en el piso, entre el asiento del copiloto y el asiento trasero. Se quitó el saco y lo colgó en un gancho que después colgó en el gancho de arriba de la ventana trasera. Cerró la puerta y se subió al asiento delantero. Bajó la ventana pues a pesar de ser muy temprano, sentía un bochorno, este mayo había sido muy caluroso y húmedo. Entre Querétaro y Zaragoza habían solamente 200 kilómetros de manera que el camino no era muy largo, era mejor salir temprano para evitar el sol de mediodía, además así acabaría de ver a los de la constructora y a los de la mina hoy y podría volver a Querétaro mañana por la mañana.
Encendió el carro, el volúmen del radio estaba a todo lo que daba, seguramente Fernandito se había subido ayer con sus cuates a oir música, como todas las tardes. Actividades de cuando se está en esa edad puberta. Fernandito y sus amigos pasaban en un sólo día de andar en patineta y rodar por las banquetas, a disque fumar y oir música en las tardes, para conversar con las chavas de la colonia. Fernando bajó el volumen con los dedos tensos del susto y enojado presionó "eject" y salió el CD de Juanes, Fernando lo sacó y lo aventó al asiento de alado. El carro olía a cigarro. -Al menos no huele a alcohol o mariguana-, pensó. Metió primera y suavemente sacó el clutch y abandonó la calle para pasar por la caseta del vigilante, al que saludó con la mano al pasar entre las rejas enormes de herrería, bajo el letrero que dice "Los Faroles". Dió vuelta a la derecha, por la avenida que lleva a Gerber, y siguió con rumbo al entronque Villa del Pueblito, de ahí "nomás unas dos horitas pa´Zaragoza".
Ahí por el entronque de Ituribide sintió ganas de hacer pipí, paró en un camino de terracería donde había un tendajón "La Pasadita" y se estacionó, bajó del carro y se dirigió a la tiendita, allí pidió a la mujer las llaves del baño. Mientras abría la puerta escuchó un ruido en el cielo, volteó y divisó a lo lejos un avión, y sin pensar más entró por una puerta de madera desgastada y amarilla que decía "baño unisexo, pida las llaves en la tienda después de su consumisión". Fernando se lavaba las manos cuando el ruido se hizo estruendo, el pedazo de espejo que colgaba de un hilo sobre la pared de azulejos blancos percudidos vibraba junto con la imagen de Fernando, quien la veía como queriendo descifrar lo que sucedía, mientras, frotaba sus manos en el agua helada que salía de manera pausada -como a escupidas- del grifo del lavamanos verde menta. Los charcos del piso vibraban y reflejaban con cierto ritmo la luz del sol que se metía por entre las ventanas semicerradas y por debajo de la puerta de madera. Depronto esa luz se extendió por todo el baño, se metió como una ola naranja y violenta por las ventanas y por la puerta, Fernando no pudo moverse. El estruendo terminó en un fortísimo estallido que al mismo tiempo quemaba la piel de Fernando y cegaba su vista.
El avión se estrelló y Fernando murió calcinado.

Geraldina González de la Vega

4. Muerte

Estoy en el andén, sigo pensando si hice bien, sino me voy a arrepentir una vez que venga el tren. Dejé la cama hecha, los platos lavados, que él los acomode después en el mueble. Están anunciando mi tren, viene con 5 minutos de retraso. ¿Lo harán a propósito? para que me lo piense bien o ¿qué? Las niñas están con su abuela Lupe, ya llevan un mes con ella, deben extrañarnos horrores. No quiero pensar en ellas y en lo qué voy a hacer, qué van a pensar, cómo se van a sentir. Me preocupa, pero no tengo otra salida. Ellas son muy unidas.
No le cambié la toalla, que se seque con la que tiene hasta que se le desintegre, me vale. Mi toalla la eché a la ropa sucia, ya a ver quién lava después. Seguro que ni cuenta se da de que me llevé mis cosas del baño, mi cepillo de dientes, mi gel para la cara, la crema de noche, la crema de manos de mi buró, la crema para el cuerpo, mi desodorante, mi bolsa de pinturas. El perfume lo dejé porque ya no quedaba mucho, me eché las gotas que quedaban, como siempre guardé el frasco vacío en la gaveta. Cuantas mugres cargamos las mujeres, ahora recuerdo los chistes de las bolsas ¿no?, ¡ja! yo soy así. Pero nadie como Adriana, ella si carga un super y una farmacia en la bolsa, ¿Cómo es que no se ha jorobado? Le ha de doler la pinche espalda en la noche.
¿Pinche? pinche el tren que no llega y yo sigo pensándomela. Muy machita cuando cogí mis cosas, cuando hice mi maletita y dejé su regalito bajo la cama. Seguro que ni se fija, hasta que no lo llame "la boa" que tiene en el estómago y quiera comer. ¡Ja! a ver qué traga el cabrón, porque a propósito no fuí al super a comprarle sus yogurts de dieta, ni su frutita tan sana, ay como me caga cuando se come la manzana y repite "one apple a day, keeps the doctor away". ¡Ay si tú muy gringote y muy sanote! Tampoco hay cervezas, ni su "Absolut Mandarin", pura mamada, en su pinche vida ha probado un buen vodka. Se va a poner como loquito a buscar por todos lados, a ver si encuentra algo. En una de esas ni llega, como hace 3 meses. La verdad me vale, él, su vida, sus problemas, sus hermanos. Cuando tenía yo 18 siempre pensé que iba a formar una familia feliz, de esas que dibujas de niña, parada frente a una casita de doble agua, un árbol de manzanas y hasta una cosa café que se supone es un perro. Los padres se abrazan mientras uno carga al más pequeño y el otro da la mano al más grande, que trae una pelota o una muñeca, según ¿no? -Nunca pensamos en hijos gays, jajaja, ¡se muere el cabrón!

Hasta que llegamos a Florencia y me emperré. Era mi sueño que me pidiera que nos casáramos, el Ponte Vecchio, la puesta de sol, en fin. Claro, era lo más fácil entonces. Con la muerte de mis papás, no tenía otra cosa en la cabeza que dejar la casa de Santa Catalina. Nunca pensé que fuera a resultarme peor. Mira que yo pensé que con el Chino me iría mal, y lo dejé, me dolió. Más que hoy. Y ahora el Chino con su familia tan linda.
Anuncian que mi tren tiene 15 minutos de retraso. ¡Carajo! Lo que quieren es que vuelva. Se me hace que son cómplices. Claro en esta sociedad machista así son, así deben pensar hasta los conductores "pinches viejas pa' que no anden pensando en dejar sus deberes, atrasamos los pinches trenes, así se la piensan bien las mariconas."
Desde que empezamos con este estúpido viaje de reconciliación. Todo por que en la empresa decidieron mandarlo a tomar unos cursos a Alemania. 3 semanas más en ese pueblete de Neindorf, ni siquiera aquí en Wolfsburg donde esta la planta. Es horríble, aburrido, gris, alemán pues. A ver qué hace ahora ahí. ¡Chin! no pensé que podría llamar a la policía. ¡Ja! ahora me van a buscar como a Madeleine, la inglesita que perdieron sus papás en Protugal, ah que pendejos esos, de veras, pero bueno, luego uno critica y ni sabe, alomejor la niñita era igual de insufrible que este cabrón, ja.
10 minutos más, ay. El día de nuestra boda me tardé 10 minutos más en llegar, no llegué puntual. Me reclamó en el altar, ahí debí de haber huído y no con cuatro hijas y arrugas en la cara. Desde hace 7 años uso crema de noche, ¡que espanto! Él no. y debería, porque parece pasita, con esas asoleadas que se mete en las camas de su club, parece que mete la cabeza al microondas, pero él se siente galán con el cutis café y achicharrado y como es re-gatero, no hay nadie de confianza que le diga la verdad.
No tengo cara de fugitiva, no puede ser que ya se haya dado cuenta. El hombre de alado me ve más bien raro, por tanto que escribo, ¡ja! debe pensar que soy una "serial killer" de esos que llenan cuadernitos y cuadernitos. Pero yo que dejé de escribir mi diario cuando me casé, decidí retomarlo hoy, por última vez.
Me acuerdo ese pinche día "Lima, calor y gripa", lo tuve que pasar echada en el parque cerca al Hotel Esmeralda de Lima. Escribe y escribe. Ay como me dolía el corazón esos días. Hacía ya 17 años que no escribía y ahora no puedo parar. Mis poemas al Chino, mis deseos, mis sueños. Nunca aprendí un tercer idioma, nunca viví sola, nunca dí una fiesta en una gran terraza.
Es hora. Ya llegó el tren. ¡Vaya, carajo!
Amanda cogió su maletita y se arrojó a las vías, exactamente frente al ICE que pasaba cruzando la estación de Wolfsburg con rumbo a Hannover. "Achtung, auf Gleis 7 fährt ein Zug vorbei!"

Geraldina González de la Vega

3. Muerte

Ricardo se levantó con una cruda impresionante. Sentía que su cabeza era la más grande del mundo, que le punzaba y latía, le pesaba y le ardía, la sentía hinchada y vacía, no podía moverla ni pensar. La luz le dolía como un alfiler clavado en su pupila, como martillos en las sienes, el ruido de los pajaritos en los árboles junto a la ventana sonaban como alarmas de incendio. El zumbido en los oídos era inaguantable, hacía que vibraran ambos lados de su cabeza y no podía acostarse de ningún lado. La almohada era como un tabique dentro de una funda de flores amarillas y verdes. Intentó acostarse boca abajo, pero no podía respirar de tanto que había fumado, el estómago le ardía y el aliento todavía le olía a tequila "Sombrero".
Había sido una juerga de las buenas, no muy diferente a la de la semana pasada con los del intercambio de Puebla. Ahora habían ido a "Bandido´s" junto con los -y las- del departamento de ventas de Brasil, los mexicanos tenían que poner el "buen ejemplo" y mostrar a los cariocas como toma tequila un hombre de verdad. Bailaron --vertical y horizontalmente-- hasta que el cuerpo aguantó, pues del Bandido´s se fueron a casa de Jochen Schulz, un soltero metrosexual que hacía fiestas todos los fines de semana. Jochen vivía en una enorme casa con alberca, sala de fiestas y 8 recámaras. La fiesta para Ricardo duró hasta que el autobus 701 llegó puntual a la parada de "Kastanienstraße" a las 4.28am para hacer su recorrido perezoso por la zona residencial. Ricardo buscó las llaves en el fondo de su saco, las que junto con su celular, en el trayecto de la casa de Jochen a la parada del autobus, estuvieron a punto de resbalarse de su resguardo 8 veces. La cartera estaba en la bolsa trasera del pantalón, del lado derecho. El anillo estaba guardado en el monederito de la cartera.
Ahora Ricardo estaba arrojado en su cama, en calzoncillos y camiseta. La colcha no lograba taparle los pies, pues se había echado el edredón al revés. Sin querer mover la pesada cabeza ni abrir los ojos, tocó al lado derecho de la cama, en donde se dió cuenta que no había nadie; luego con la mano izquierda alcanzó el buró, a tientas, como buscando, fue localizando una a una sus pertenencias, encontró la cartera, el celular, el reloj, la corbata, las llaves; se tocó con el pulgar el dedo anular izquierdo y se dió cuenta de que no traía su anillo. Agarró la cartera con un movimiento brusco, y su brazo cayó al lado izquierdo de la cama, y su cara estaba apachurrada hacía el lado derecho contra la almohada. Ricardo se incorporó con mucho trabajo y mucho cuidado. Se sentó en la cama y buscó en el monederito de la cartera su anillo, y ahí estaba como siempre, como todos los fines de semana desde que se casó. Ricardo se lo colocó a la fuerza, se lamió el dedo y lo presionó hasta el fondo. Se rascó los testículos y volteó a la derecha a la izquierda, no había signos de ella, ni de su perfume. Se mareó. Se incorporó y volteó a su buró para tomar un vaso con agua de la jarrita de noche que siempre le ponía, no había nada.
Bajó los pies de la cama, los calcetines negros y los calzoncillos de rayitas azules le daban un aspecto de fodonguez, los ojos hinchados y rojos, brillantes, la boca hinchada y seca, los pelos parados, la barba crecida, destilaba alcohol, olía a cigarro, sexo y sudor. Se olió las axilas, se rascó las nalgas y gritó: ¡Amanda! ¡Amandaaaaaaa! carajo ¡Amanda, dónde estás?! Esta pinche vieja dónde anda ahora, si ni conoce a nadie aquí.
En ese momento sintió un dolor tremendo en el talón, jaló el pie hacia adelante con un grito agudo, ¡Amandaaaa! Al mismo tiempo que jalaba la pierna por el muslo para revisarse el pie, vió cómo entre el edredón que colgaba de la cama, y el tapete color crema, se deslizaba una víbora oscura. Ricardo gritó horrorizado y desesperado ¡Amanda! mi amorsito Amanda, porfis ven ¡Amanda ayúdameeee! En ese momento comenzó a sentir un sabor metálico, entró en pánico. La víbora reptaba por el piso del cuarto, como queriendo salir, pero la puerta estaba cerrada. El teléfono estaba en el pasillo. Cogió su celular. Ya no tenía pila. Volvió a gritar ¡Amanda! ¡Amandaaaaa ayúudameee! La habitación comenzó a dar vueltas, todo estaba borroso. Ricardo comenzó a sentir que no podía coger aire, cada vez que inhalaba entraba menos aire, comenzó a entrar en pánico, gritaba ¡Amanda! ¡Ayuda! ¡Hilfe! y entre más gritaba más se mareaba, no podía ver nada, ni siquiera intentar correr hacia la puerta para huir y hablar a la policía, a los bomberos. No veía, ya no sentía hasta la cadera, el cuarto se movía en círculos, parecía que estaba metido en el centro de un ciclón, todo daba vueltas, sentía que el corazón se le salía del pecho, una taquicardia dolorosa. Después de varios minutos, cayó abatido en la cama. La víbora reptó de nuevo abajo de la cama...Ricardo, el esposo de Amanda, había encontrado la sorpresa.

Geraldina González de la Vega

1. Muerte

A sus 10 años Armando no sabía mucho de la vida. Iba a la escuela, en el salón 5.B en donde prefería hacer bolitas de papel con saliva y soplarlas con su cerbatana hecha de una pluma bic. Miss Patty ya le había confiscado ocho cerbatanas. Pero cada tarde decía Armando a su mamá: "Mami, me das una pluma nueva?" y su mami sacaba una nueva bic reluciente, con tapa azul brillante de una cajita que tenía escondida en su clóset. Armando tenía su pluma para escribir, sin tapa, mordida por la parte de atrás, casi hasta la mitad, pero tenía mucha tinta todavía, el tubito salía por el hueco mordido. Esa tarde Armando hizo muchas bolitas de papel con saliva usando la hoja de hasta atrás de su cuaderno verde de biología. Juntó todas las bolitas en una mano; en la otra, la cerbatana y salió corriendo para molestar a Puchy el perrito French Poodle del vecino que tanto odiaba. Armando no traía zapatos, estaba en calcetines, verdes olivo, los del uniforme. Sus zapatos negros estaban a la entrada de la casa, donde los había dejado sin desabrochar. Le gustaba sacárselos por atrás presionando con los dedos al talón del otro pie. Por eso su mamá se molestaba mucho, pues los "aguadaba". A Armando eso no le importaba mucho. Estuvo toda la tarde haciendo bolitas de papel con saliva sentado en la sala de tele, mientras las hacía, entreveía "Don Gato", ese capítulo de Lazlolosla ya se lo sabía de memoria. Los calcetines ya estaban holgados y las puntas largas colgaban de los dedos de sus pies.
Cuando bajó el primer tramo no reparó en sus calcetines, sólo venía pensando cómo iba a molestar al Puchy. Fué hasta que bajó el quinto escalón del segundo tramo, cuando durante medio segundo pensó "Chin mi mamá me va a regañar". Pero no, Alicia no lo volvería a a regañar nunca por correr en calcetines por las escaleras. Armando resbaló del escalón de mármol y cayó con la nuca en el primer escalón. Murió al instante.

Geraldina González de la Vega

domingo, 27 de abril de 2008

25. Muerte

"¡Gretel! Calienta el horno" -dijo la Bruja, ya cansada de esperar a que Hansel engordara.
Gretel obediente, calentó el horno con la esperanza de que la Bruja no pudiera leer su pensamiento.
Hansel mientras tanto hacía aspavientos a su hermana para hacerle ver que era ella a quien la Bruja pensaba cocinar, pues como él le había estado enseñando un hueso de pollo en lugar de su dedo, la Bruja ya estaba cansada de esperar a que el niño engordara. Según la Bruja, que ya moría de hambre, Gretel tendría más carne que su hermano.
Cuando el horno estaba bien caliente, la Bruja abrió la puerta y tomó a Gretel del brazo, Gretel intentó empujarla y patearle el trasero muy fuerte para que alcanzara el fondo y fuera ella quien se quemara ahí dentro; pero el hermano gritó, ¡no! ¡a ella no! ¡Yo te he estado enseñando un hueso de pollo y no mi dedo! mírame, que estoy bien gordo ya, ¡no cocines a mi hermana!
Gretel se distrajo por el grito y la fuerza de la Bruja le ganó y ésta logró empujarla hasta el fondo del horno. La Bruja cerró la puerta, tomó la llave de la jaula de Hansel, abrió y lo cogió del brazo.
-"ah, ¡pero si que hoy me daré el banquete del año con ustedes dos! nada más les falta un poco de sal."
La Bruja abrió la puerta y metió también a Hansel en el horno.
La Bruja se rechupaba los dedos cuando escuchó unas vocecitas, eran otros niños que comian de su casa...

sábado, 19 de abril de 2008

viernes, 4 de abril de 2008

23. Muerte

"Una mosca parada en la pared, en la pared, en la pared.
Ana masca parada an la parad, an la parad, an la parad."
-Ahora tú Valeria
"Ene mesque perede en le pered, jijiji, en le pered, jijiji, en le pered"
-jijiji Mami, Valeria canta como mosca
-A ver, ahora tú Toby
"Ini misqui piridi in li pirid, in li pirid, in li pirid"
-jajaja Ma´ ¡Toby canta como gusano!
-¡y tú como mosca!
-¡pues tú como gusano!

-Mira cabrón a mi esos de la banda 4 leyes ya me tienen hasta la madre. Ya les advertí que no se metan en nuestro territorio o sino les parto su mandarina en gajos. -Momia, ya te dije no es de advertirles, es de partírselas y punto, aquí las cosas de ley se hacen, no se dicen, sino eres puto güey, mariquita sin calzones, se los quita y se los pone....¡jajajaja!
-Pus si Matamoscas ya lo sé, pero entiende que el Micki es el güey de mi hermana La Lisi cabrón y cada que tocamos a uno de su banda, él le parte la madre a ella, y mi jefa se pone bien loca. Yo ya le dí su calentadita a La Lisi güey, pero no más no entiende. Es re pendeja como todas las viejas.

-¡Guusaaanooo, guusaaanooo!
- ¡Mírala Mamá, ya dile que me dejeeee!
- Ya Valeria, deja a tu hermano en paz. Su Papá viene manejando, no lo dejan concentrarse en la carretera.
- ¿Cuánto falta para llegar Mamá?
-Ya te dije Valeria, fíjate en los letreros. A ver, ahí está uno: ¿qué dice?
- Dice que faltan 57 kilómetros
-¿Entonces Valeria? ¿Cuánto falta para llegar a casa de los abuelitos?
- Pues menos de una hora, porque 100 kilómetros son como una hora, ¿no?
- muy bien Valeria.
- Mamá ¿cómo es que Valeria siendo una mosca puede pensar?
- ¡Ya Toby! ¡tú ahora no empieces!

-Pues mira mai yo digo que vayamos a su lado y les advirtamos que si se vuelven a meter a nuestro lado, les partimos toditita su jefecita y como seguro se nos echan, pues de una vez les partimos todita y acabamos con el pedo. ¿Qué dices pinche Momia?
- Pues va, sólo que a ver qué dicen estos putos, ¿no cab´?
- A ver banda: el Momia y yo hemos decidido que vayamos del otro lado del puente a decirles que qué pinche pedo atorado tienen a esos de las disque 4 leyes, ¿que dicen puuuutoooos?
- psss oooorale cabrón vamos, pero a la voz de ya. Que ya me tienen bien hasta la coronaza.
- Si valedor, yo le traigo unas pinches ganas al Chaquito que ´uta.
- No que al Chaquito, al Micki güey ese se cree bien carita, pinche totonaca.
¡jajajajajaja! ¡Pus orale que pa´luego es tarde puuutoooos!

"Siete elefantes se columpiaban sobre la tela de una araña, como veían que resistían fueron a llamar a otro elefante.
Ocho elefantes se columpiaban sobre la tela de una araña, como veían que resistían fueron a llamar a otro elefante.
Nueve elefantes se columpiaban sobre la tela de una araña, como veían que resistían fueron a llamar a otro elefante..."

-¡Orale cabrón ahi´stán güeeeey del otro lado del puente puto!, ¡vamos córrele!
-¡Mira aviéntale esa piedrota güey, dejasela caer en toooda la cabezota al puto!

El Momia coge la piedrota. El Chaquito saca una pistola de entre su chamarra y le dispara al Momia, la bala penetra por el pecho del Momia, la piedra cae por el barandal del puente y penetra con enorme violencia por el parabrisas de la Ford Escape Roja que pasa por la carretera federal debajo del puente y se encuentra directamente con la cabeza del copiloto, que era Adriana, la mamá de Valeria y Toby.

Geraldina González de la Vega
Con todo mi respeto a las personas que han sufrido este accidente.

jueves, 3 de abril de 2008

22. Muerte

El Crimen Perfecto
por Carlo Cardez

Después de casi 30 años de vivir con ella, la vio una vez más en la cama y se dio cuenta de que la había matado.
Nadie nunca iba a sospechar de él. Los que los conocían y los que los habían conocido podían decir que él siempre la había querido. El no era de los que envidiaba a otras parejas, en todo caso, siempre los habían envidiado a ellos. Desde la primera vez que los vieron juntos, nunca más los volvieron a pensar a el uno sin el otro. Y esta historia era contada por los demás, no por él. Nunca nadie le conoció interés por otra mujer. Sí hubo mujeres que se interesaron por él, pero siempre atraídas por la forma en la que hablaba de su familia, atraídas por el deseo de tener lo que él daba a otra.
No se inventó viajes de placer disfrazados de negocio. No trabajaba a deshoras en lugares en los que se brinda con vino tinto. El perfume de sus hijas nunca fue el pretexto de perfumes ajenos. Nunca tuvo que esconder teléfonos o recados inoportunos, de esos que aparecen de repente en sacos poco usados. En casa nunca levantó la voz mas que para reír amplio y largo. No levantaba las manos mas que para dejar entrar cuerpos y sumirlos en grandes abrazos. Adoptó a su familia política con tanto cariño como lo adoptaron a él y así se hizo de hermanos y hermanas, y tuvo más de una madre que se sintiera orgullosa de él y más de un padre para pedir consejo. Igual ella.
Casi 30 años en los que vio amigos entrar y salir de su casa con diferentes mujeres, a veces diferentes hijos. Los que estuvieron con ellos cuando los tiempos no eran tan buenos, sabían que fue entonces cuando más fuertes fueron. Los vieron soportar juntos y sufrir juntos cuando la familia se hacía más chica, y los vieron llorar juntos también, cuando se les hacía más grande.
Nunca nadie iba a sospechar de él. No en una casa en la que no faltaba algo que hiciera recordar su vida juntos. Muebles que se transformaron a necesidad, fotos de sus juventudes y de todos sus tiempos. Recuerdos de viajes en los que paseaban su felicidad.
Pero la veía ahí tendida en la cama y no comprendía cómo pasó todo. En la misma cama en la que compartieron tanto. Cenas, sexo, hijos. La misma que llegó para sustituir a la que por accidente se convirtió en el lugar en el que su perra parió. La misma perra que ahora vieja estaba parada junto a él, como siempre, esperando a que se pusiera la pijama antes de saberlo seguro e irse a dormir. Pero esta noche todavía no había pijama, así que ahí seguía de pie junto a él, también de pie, viendo a la mujer que mató.
“Creo que tenemos que hablar” dijo ella. Y él se dio cuenta de que ella sabía que la había matado. Todavía no sabía cuándo pero estaba dispuesta a averiguarlo. Así sin pistas, sin motivo, sin alevosía, sin cómplices. Sin dejar rastro ni huella y después de tanto tiempo, ella lo había descubierto. La había matado hacía 15 años y se odiaba por eso. No importa cómo se encubra tarde o temprano la verdad siempre encuentra una forma de revelarse. Porque aunque aún haya quien piense que es posible, no existe el crimen perfecto.

21. Muerte

Cinco Campechanos
por Ricardo Cárdenas

“Te voy a contar una cosa que no es real, es fantasía que hace la gente, pero es verdad. Allá cuando la última guerra, esa del 910 –porque la de los cristeros no fue guerra, esos nomás se mataban pa’ no dejar decir misa a los curas- bueno pues… había mucho matado porque en ese tiempo todo mudo andaba armado. Yo creo que por bravos... No, y pos ¡cómo no! si estaban matados sus hermanos y sus tíos y todos. Así le pasó a Luis, su hermano matado, sus tíos matados, su mamá matada y también su hermana matada, pero a ella cuando estaba chiquita. Y ese fue uno que yo conocía que era un cabrón y a ver, dile algo. Se tronaba a todos. Muchacha que le echaba el ojo, la tomaba. En esa época era fácil, nomás te la subías al monte y ni quién te dijera nada, porque además era fácil comprar al policía, ahora no, ahora sale más caro. Era otra época, la mujer pues no trabajaba como ahora ¿verdá? estaba donde tenía que estar y cuando salía, pues se le esperaba… sólo en la revolución que los cabrones soldados se las cogían a todas, hasta a las más niñas y si no fueran buenas pa’ los huevos, hasta a las gallinas. Ahí sí te tronaban fácil. Como al primo de mi mamá que lo tronaron cuando se rasuraba –porque antes se rasuraban en un espejito chiquito en la pared- y cuando estaba de espaldas entraron once y le dieron. Hasta el suelo agujeraron, porque antes los suelos eran de madera. Había mucho matado. Había tanto matado que luego los militares pasaban y los arrejuntaban a todos y los cargaban en un carro, de esos de mulas, los tiraban en una zanja y les prendían fuego los cabrones. Y fíjate bien lo que te digo porque de ahí salió la enfermedad esta de la gripa.”
Yo, que estaba escuchando sólo dije: ¿Cuánto es de cinco campechanos con todo, y un refresco?

20. Muerte

No Contar
por Ricardo Cárdenas

Nunca supo cómo empezar las cosas. Un tanto como me siento yo ahora que no puedo empezar a hablar de lo que tengo que contar. De inmediato empiezo con frases vacías de falsa contundencia, un tanto parecido, eso sí, a la forma que tenía él de contar sus pequeñas proezas. No me refiero a que la vida esté llena de pequeñas proezas, no. Eso es pura retórica y no estoy con ánimos de político o filósofo. Nunca lo he sido y ni siquiera me da el ánimo para pretender serlo, nunca me ha dado. Casi siempre más bien, y por regla general, le doy muchas vueltas al asunto y rara vez estos caminos circulares me llevan hacia algo concreto. Sobretodo cuando se trata de él. Tampoco tengo mucha disciplina, y eso siempre ayuda… a perderte en todo y en nada quiero decir. Mi ánimo es muy pobre muchas veces, como hoy. Tanto que ahora haber llegado hasta aquí me sorprende a mi mismo.
Pero basta. Cualquiera pensaría que todo esto es depresivo y lo estoy usando para no sé qué, pero no. Tampoco se trata de confundir ¿no? Me refiero a que la intensión de empezar a contar algo que para mi es importante era buena, así que algo debe salir de aquí. Trataré de empezar entonces, otra vez.
Nunca supo cómo acercarse a la gente y decir lo que sentía. Perdón, pero también es un poco como yo me siento ahora. Es una confusión sentimental que provoca un ahogo del lenguaje en aguas turbulentas contaminadas de tristeza. Este tipo de emociones que te obligan sólo a disfrutar de cosas sencillas. No porque disfrutar de las pequeñas cosas sea una postura intelectual, no por Dios, nunca trataría de engañar a nadie diciendo de mi algo así. Es más bien porque cuando estas tan inconciente en una depresión sólo te puedes fijar en cosas pequeñas. Tan pequeñas como tu estado de ánimo. Pero aquí estoy otra vez hablando de cosas que no tienen nada que ver con lo que en algún momento traté de empezar a escribir, y para ser honesto, ya no lo tengo tan claro yo tampoco.
Nunca sonó sincero. No, eso no es completamente cierto, quizá sería más honesto decir que al oírlo hubo muchas veces que no sabía si era sincero o no. No conmigo, esto no es un reproche. Es cuando lo oía hablar con otras personas cuando esto me punzaba más. A ver, si en este momento pudiera empezar otra vez y pudiera cambiar lo que digo, lo que he dicho… pero eso sería como querer empezar todo desde el principio, principio. Una vez más, perdón, no me siento bien.
Una vez me dijo… no, muchas veces dijo como diciendo al aire… no, tampoco. A veces, cuando se le oía decir cosas dirigidas hacia mi, se podía oír lo que deducía de la vida. Una forma muy complicada de decir que sus palabras eran escasas y fuertes. Es como si hablar de todo esto fuera prohibido, la forma en la que me siento, quiero decir. Pero como me dijo alguna vez, yo siempre he sido inoportuno, en acciones y en palabras. Siempre fue como si de una misma cosa tuviéramos una lectura diferente, como si yo viera lo rico de una fruta bien encerada, como las ponen en la calle y él, el respeto ciego a la propiedad privada… Creo que al final no lo voy a poder contar.
No sé que voy a hacer. No sé qué decir. Yo quería mucho a mi padre y mañana lo tengo que enterrar.

19. Muerte

martes, 1 de abril de 2008

18. Muerte

Una de Rapunzel
Arturo Ignacio Peón Barriga

El príncipe saltó por la ventanita de la torre donde la bruja de Rapunzel lo tenía atrapado sin darse cuenta que apenas el día anterior el jardinero se había desecho de los añejos arbustos que afeaban el traspatio. Murió instantáneamente con múltiples fracturas en el cráneo.

17. Muerte

Autodeterminación
Arturo Ignacio Peón Barriga

La vida del hombre entra en una espiral de mala suerte: su mujer le pide el divorcio para irse a vivir con su amante; su jefe lo despide del trabajo; el banco le confisca la casa por no haber podido pagar la hipoteca. Dos días después, mientras se dirige al trabajo en el centro de la ciudad, un camión en contraflujo lo atropella en eje central. Con el último supiro de vida, desconsolado, se pregunta qué es lo que ha hecho mal. Busca una explicación a tan acre destino. No la encontrará, pues ha pasado demasiado tiempo como para que su mente establezca una conexión entre lo que hoy le ocurre y su ancestral afición de torturar catarinas aplastándolas sádicamente con el pulgar.

lunes, 31 de marzo de 2008

A qué huele la muerte?

Respuestas:
by Ricardo Cardenas
huele a conejitos...
by Ram Metalero
pues muchos dicen que a azufrepero yo no se si esto es verdad
by Jimena
A putrefacción.
by rosa m
poliaromas-agrio-amargo-flores marchitas-putrefacto-rancio-detestable-r... inodora-
by mdg_92
todaví no me morí pero cuando me suceda vulveo y te cuento
by Jijo
Huele a cal de las fosas comunes....
by Vinicolav Chp3ovak
huele...?juro que no lo sabia...mañana mismo tomo a un muerto y le pregunto....
by chichama...
Àcido. Los olores normales se acidifican.Particularmente, el olor a claveles me saben a muerte.
by Grauchu4763
a mentol. ( te libera los pulmones )Te hace respirar profundo.Genial pregunta! te felicito!
by Mcartney
No puedo decir a que huele la muerte, si entiendo que la pregunta va orientada a lo que olerías cuando te mueras. Sólo podría conjeturar a que creo que podría oler.Si la pregunta va encaminada a decir a que huele cuando estás delante de un muerto, entonces por mis experiencias, te diré que la muerte no me huele a nada. En esos momento s he estado mas preocupado por otras cosas que por los olores.
by Daniel B
La muerte huele a gris, y es gris oscuro cuando el golpe es duro.
by seragu
Como podriamos responder los vivos esto???
by JOŞE ĘL GĄTO FĘROZ
Me huele a formol... Una vez tuve la oportunidad de entrar en una necroteca (creo que así se escribe), que es el lugar donde hay cadáveres para el estudio de la medicina, no se como describir ese olor, pero a eso me huele la muerte... Saludos felino amigo!
by SOLEDAD
El olor de las flores a mi siempre me recuerda a los muertos. Sin embargo espero que a la hora en que yo me muera, pueda sentir el olor de mis hijas.
by ANGI21
ME GUSTA TU PREGUNTA Y HU-ELE A ROSAS O A JAZMINES
by ∂ιαиα †мαтιsЧαнu
a abandono y desproteccion
by gatomanc...
Te repito lo que te dije en la anterior respuesta, no existe un olor tan desagradable.
by elvago95
A ABANDONO SOLEDAD TRISTEZA TERROR ACORRALAMIENTO
by Mariana N
A seco, a incienso y a brasas de fuego
by mirlu
Agrio... se huele agrio a nivel de sensacion y aspereza en la propia piel...
by TAmy....
Depende la muerte.. Si es de un ser querido puede oler a extraño, a tristeza y Amor. Si es de una persona que nos hizo daño puede oler a etapa terminada y agradecimiento que dios se lo llevó.Suerte!
by yoyita
a soledad...a jazmin....a tierra y polvo...
by Pablito
La muerte huele a miedo porque el humano no ha asumido todavía que cuando se acaba la vida, sa acaba todo. Cuando uno se muere, se acaba la película, y se va en polvo más o menos nauseabundo según donde y como se le pone.Lo que pasa, es que a la raza humana le falta madurez, coraje y valencia para afrontar con sencillez la cruda verdad de la nada que sigue el fin de la vida. No me acuerdo quien dijo que la muerte rompe la vida, pero es un imbécil; la muerte hace parte de la vida; es la vida. Para quitarse el miedo, el humano o por lo menos los más cobardes, tiene que persuadirse de que no se acaba la cosa así, tiene que creer que hay una segunda parte a su propia película; los listos, como el perpetuo abuelito del Vaticano y todos los adeptos de su secta lo han comprendido hace mucho tiempo y han aprendido a aprovechar esta debilidad para servir sus propósitos. Los curas, como la araña que paraliza a su víctima antes de nutrirse de ella, son los únicos seres capaces de sacar renta de la inercia de los pueblos. Porque no reconocer también que los caballos, los perros, los piojos o las lechugas tienen una vida post mortem, sería igual de ridículo. Los perros no tienen miedo a la muerte, sino respeto y es lo que deberíamos sentir frente a ella, sólo respeto, porque es uno de los acontecimientos más importantes de la vida, más que nacer. El instinto de conservación, como el de reproducción, este gusto innato por la supervivencia que compartimos con los caballos, los perros, los piojos y las lechugas no es nada más que la respuesta lógica de un ser que sabe perfectamente que tiene que hacer durar el placer de esta vida porque no hay nada después; nada consciente por lo menos porque la materia no desaparece; cuando se deshace esta maravillosa pero casual distribución de materia que hace posible el pensamiento, esta materia sigue su camino de materia, momentáneamente inmovilizada en este ínfimo trozo de universo que es nuestro planeta hasta que se precipite en un agujero negro o se funda en alguna supernova.
by sirenita
a tristeza, a dolor...a alquitrán que chamusca la piel...no sé describirlo lamentablemente para tus fines literarios....pero es algo inexplicable como la misma muerte....huele a oscuridad, a tinieblas....como verás lo mío es más visual que propio del sentido del olfato....es que papá falleció hace poco y siento el amargor en mi boca de esa situación....de ver todo nublado y fue un día que el sol era impresionante....a vacío....aunque estaba todo lleno de gente cumpliendo con sus tareas sin mirar al de al lado....la muerte solo la puede oler quien la haya visto pasar de cerca o quien haya muerto. Es el olor a la desolación y el desconsuelo.
by Fergie
a formol, madera, tierra....
by PiterP
peste
by lap115go
la muerte huele a primavera a cambio a evolucion a paso pues se deja lo que tanto se quiere para convertirse en algo propio de cada uno pues para el muerto puede el olor sea de despedida pero para el que queda no deberia oler a tristeza sino a valentia
by gatomanc...
Si te referis al olor que da un cadaver, es muy desagradable, es incomparable.
by aurelia b
Estoy de acuerdo con Paul, solo que la muerte a mi en lo personal me da miedo, no a morir en si, sino a estar enterrada dentro de la tierra. eso se me hace muy sofocado y ese es mi miedo, que opinan ustedes? Besitos
by pedernal...
a gladiolos mustios ,no faltan en los velatorios
by Anaid
A día nublado y con brizna mojándolo todo.
by romana
Todo depende del estado del alma al morir.Dicen los místicos que lo relacionado a la santidad siempre huele a flores, especialmente a rosas, por lo que si se está en estado de gracia, sin dudas se comenzará a sentir un hermoso perfume.La persona que muere santamente, asistida por los santos sacramentos, muere sonriente, además.Mientras que lo relacionado al mal, al infierno, siempre tiene un desagradable olor a putrefacción y azufre. La persona se desespera y tiene temor, lo que la hace a su vez desprender su última adrenalina y transpiración, con el mal olor final.

miércoles, 26 de marzo de 2008

16. Muerte

Sonó el clarín para anunciar cambio de tercio.
"Con el permiso suyo, Sr. juez."
"¡Hey guapa! ¡Esta va por usted, que éste sí que tiene trapío, de aquí, os digo, sale uno de los dos vivo, y si ha de ser él, que salga en cuatro patas! ¿He guapa? ¡Que usted se encarga de eso, y que Dios reparta suerte, guapa!"
Miroslava se paró y recibió la montera que cayó violentamente entre sus manos. Ella elegantemente se sentó, levantó la ceja izquierda y agitó la cabeza levemente hacía atrás lo que hizo que su coleta se moviera un poco, en señal de agradecimiento y coquetería, pero nunca le sonrió. Aunque sí lo hizo por dentro.
Se veía demasiado atractivo ataviado en ese traje color grana, los alamares dorados brillaban en las pupilas de sus ojos, Luis Miguel se dió la vuelta, arrastró sus zapatillas por el albero y gritó órdenes a sus subalternos.
Miroslava se abrazó a la montera. Aquella mole roja de más de 600 kilogramos era demasiado violenta, ni siquiera los puyazos lo habían apasiguado un poco, embestía, rugía y gemía. Salían babas de su boca y nariz, la sangre comenzaba a coagularse en el papel de china amarillo y morado, también en su lomo.
"Sang" un jijón bien armado, ya había sido sometido a la suerte de banderillas, en donde el matador se había lucido frente a ella, Miroslava no quería conceder, pero su alma se carcajeaba de felicidad. Él estaba teniendo una de sus mejores tardes, y ella, era la protagonista y la protectora.
Luis Miguel se acercó al callejón, se refrescó con un trago de agua y mientras bebía la miró de reojo, sus miradas se encontraron, sonrió, cogió su muleta y se abalanzó sobre los estribos, dándole la espalda. El toro enfrente, dando la espalda a la puerta de cuadrilla, pateó hacia atrás, rascando el albero, bufó, el público estaba en silencio.
Luis Miguel gritó al toro ¡venga, ea! y éste embistió, dió un derechazo que hizo al toro estrellarse con la madera, enfurecido, recobró el sentido y Luis Miguel brincó a la izquierda. Un natural, olé, otro, olé, derecha, ¡ooleé! aplausos. El toro furioso rascó de nuevo la arena que ya estaba seca. Ésta voló alzándose en una nube café. El matador llamó nuevamente con la muleta, ¡ea ea! mientras aquélla tela color rojo se movía con el viento, Sang embistió, un derechazo, óle, otro, óle, otro, ¡oolé! un natural ¡ooooleeé! aplausos. Se estrelló con las ancas contra las tablas, el toro estaba furioso, volteaba y embestía la barda del callejón.
Luis Miguel cambiaba de muleta y mientras sus mozos entraban al quite, unos desde el callejón, otro dentro del ruedo. La miró de nuevo, y le cerró el ojo, mientras cambiaba la espada por el estoque, éste brilló lanzando un relámpago.
Luis Miguel volteó, quedaron frente a frente. Se miraron a los ojos, el toro sin quitarle la vista de encima, bajó la cabeza, rascó la tierra, bufó, Luis Miguel le gritó ¡venga, ea, he he bonito, ea! abrió el capote por la derecha y descubrió el estoque, Sang embistió, y en eso Miroslava suspiró, Luis Miguel se distrajo, volteó a su derecha, donde ella se encontraba, en ese momento Sang subió la cabeza, el pitón blancuzco y lleno de sangre y arena, bien afilado, entró directamente por entre el costado del lado izquierdo y perforó el corazón de Luis Miguel, al mismo tiempo que el de Miroslava.
El matador quedó incrustado en las astas de Sang durante unos segundos, hasta que los subalternos y el otro matador salieron al quite. Luis Miguel cayó abatido en el redondel, el albero seco flotaba como en un remolino sobre su cuerpo sin vida y se combinaba con los borbotones de sangre que salían de su pecho. Miroslava, de pie, abrazaba la montera contra su pecho y al mismo tiempo se cubría la cara con las manos, con los ojos bien abiertos. La sangre del torero comenzó a derramarse en la arena, era del mismo tono que la chaquetilla que sus mozos intentaban quitarle. Mientras, el matador Antonio Ordóñez se preparaba para matar a Sang. Miroslava se acercó al callejón, y gritó "¡Antonio, no! ¡no lo mates! él ganó. Déjalo".
Antonio la miró, y asintió, pues él había sido testigo de las palabras de Luis Miguel, y entonces bajó la espada. Mientras el personal de la plaza se llevaba ya en una camilla el cuerpo de Luis Miguel, el juez de la plaza concedía el perdón al toro y se abrían las puertas de toriles. Toro y torero salieron al mismo tiempo. Ésta vez el toro en cuatro patas y el matador sin vida cargado por el personal.
La plaza quedó en silencio. La banda comenzó a tocar "Suspiros de España".

Geraldina González de la Vega

15. Muerte

Buenos Aires, Abril de 1976
El compañero camina por los pretiles

(Eduardo Galeano - Días y noches de amor y de guerra)

4.

Ahora no vamos a jugar al fútbol.
El equipo se desintegró.
Vicente dirige, con Fico y conmigo, la revista. Dos por tres nos vamos a comer pizza por ahí, porque nos gusta y porque ayuda a no pensar que cada noche puede ser la última. Vicente conoce las mejores pizzerías de cada barrio de Buenos Aires.
- En ésa, sentate cerca del horno del fondo, no el de adelante, y pedite una pizzeta media masa, bien cocida abajo, con roquefort, tomate y cebollines. Después me decís.
La sabiduría le viene de los tiempos de estudiante, cuando él correteaba las pizzerías de Buenos Aires vendiendo la muzzarella podrida que fabricaba un amigo. Las pizzerías buenas son las que no le compraban.
La otra noche fuimos a comer pizza juntos. Vicente andaba tristón. Esa mañana los diarios habían publicado, medio perdida por ahí, la noticia de la muerte de un militante que había defendido. El cadáver había aparecido en un pantano, junto con el hijo chiquito. Él se llamaba Sebastían. A la mujer, Diana, la habían asesinado cuatro meses antes.
- Sabés cuál fue el día más felíz de mi vida? - me dijo Vicente-. El día que conseguí juntarlos en Tribunales. Llevaban dos años presos y sin verse. Los iban cambiando de cárcel y siempre les tocaban cárceles distintas. Cuando a él lo mandaban al norte, ella venía al sur. Cuando ella iba a parara a la provincia, a él lo metían en Devoto. Por fin conseguí juntarlos, con el pretexto de un careo. Yo nunca vi a nadie besarse así.

lunes, 24 de marzo de 2008

14. Muerte



This image is believed to be in the public domain and is from the National Archives.


Tribunal de Núrenberg para crímenes de guerra: Ejecución del general alemán Anton Dostler (NARA)

domingo, 23 de marzo de 2008

13. Muerte

Premonición
Joaquín Bernal

Juan Ramón Estrada tiene una intuición repentina mientras cierra la puerta de casa. Está seguro de que hoy va a atropellar a un hombre. Un temblor leve le sube por la espalda y siente una fiebre fría en las sienes. Pulsa el botón de llamada del ascensor pero no ocurre nada. La lucecita verde sigue marcando «libre». Aprieta impaciente, cada vez más fuerte, como si intentara gritar con el dedo, pero el ascensor sigue dormido y él decide bajar por las escaleras. Sigue viendo, entre espantado y extrañado por lo vívido de la imagen, la cara de ese hombre en el momento congelado en que su coche le troncha las piernas a la altura de las rodillas, y cómo parece tumbarse sobre el capó muy despacio, con el pelo revuelto y un mechón blanco en el flequillo. Juan Ramón Estrada está tan absorto que no oye el tintineo del euro que cae de su bolsillo al sacar las llaves del Ibiza.
Doce minutos después, Angustias Robledo sube por esas mismas escaleras. Viene de comprar el pan y sujeta una barra contra el pecho. En el suelo del descansillo entre el primer y el segundo piso está el euro, de pie, y ella piensa de repente que fíjate que es difícil y ni a posta, mira. Se agacha para cogerlo y la barra de pan se le escurre al soltar la mano derecha. Ella intenta agarrarla entre manoteos antes de que acabe en el suelo, pero lo único que consigue es darle una palmada leve e involuntaria en uno de los extremos, suficiente para que la barra describa un grácil arco sobre la barandilla de madera y caiga por el hueco de la escalera. Angustias Robledo contiene la respiración durante algo menos de dos segundos, hasta que el pan golpea las baldosas de abajo. Ella deja salir un sonido gutural tan corto y contenido que tiene más de jadeo que de grito. Se asoma por encima de la barandilla y ve la barra allí abajo. Le falta un pedazo de uno de los extremos. Mira el euro al lado de sus pies y suspira antes de volver a agacharse para cogerlo.
Ocho minutos después está en su cocina, discutiendo con Manuel Recuero, su marido, porque éste tendrá que ir hoy a comer de menú; no hay pan con el que hacerle el bocadillo habitual. Ella se ofrece a bajar de nuevo a la panadería, pero él le contesta, casi le ladra, que ya no se puede esperar. Sale de casa dejando tras de sí una una estela de mal humor, jirones que se chocan contra las esquinas del pasillo y se disuelven en volutas invisibles.
Cinco horas y diez minutos después, Manuel Recuero baja del andamio, se sacude el yeso del mono y saluda con la mano y con desgana al resto de la cuadrilla, que se ha sentado en un tablón apoyado sobre dos bidones, al pie de la obra, dispuestos a comerse sus respectivos bocadillos. Él resopla y se dirige al bar «El Puente», al otro lado de la carretera, donde tienen menú del día. Luego y que no ahorramos nada, se dice.
Diecinueve minutos más tarde, a los de la cuadrilla se les atragantan por un instante los bocadillos de caballa, de lomo frito, de tortilla de atún, cuando un ladrillo se hace añicos contra el tablón, justo entre dos de ellos. Justo en el hueco en el que Manuel suele sentarse a comer. Es un ladrillo visto, de los de fachada, dice uno de ellos mirando los trozos a su alrededor. Los demás se encogen de hombros y dan tragos simultáneos a las latas de Mahou.
Treinta y dos minutos después, Manuel Recuero vuelve de comer, y escucha boquiabierto de la caída del ladrillo y de la suerte que has tenido, hay que ver. De repente siente que el ladrillo es una señal, el aviso oportuno, la advertencia obvia entre andamios y palustres. La forma más directa de dejarle claro que está vivo por pura casualidad, hoy y ayer y mañana. Se quita el mono, dando saltos sobre un solo pie mientras tira de la pernera derecha, y sale de la obra para ir a casa lo antes posible. Se meterá en la cama y cerrará los ojos hasta mañana, hasta pasado, hasta el mes que viene, hasta que se le pase esa fiebre como fría y esa vibración extraña a la altura de los riñones.
Echa a andar hacia su coche, pero no termina de cruzar la carretera. Oye el crujido ominoso cuando el Seat Ibiza blanco le golpea por debajo de las rodillas y lo lanza hacia adelante diez o doce metros, donde acaba boca arriba con los ojos abiertos y la fiebre yéndose poco a poco, mientras el mechón blanco de su flequillo se mueve agitado por un viento húmedo.

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